La industria automotriz en México podría enfrentar una segunda oleada de proyectos de nearshoring a partir de 2027, una vez concluida la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Para analistas del sector como Ángel Mieres Zimmermann, este escenario representa una oportunidad relevante, aunque condicionada por los términos que surjan de la renegociación del acuerdo comercial y su impacto en costos, reglas productivas y certidumbre para la inversión.
Durante la primera fase de relocalización productiva, el
sector automotriz concentró cerca de 37% de los proyectos vinculados al
nearshoring. Proyecciones de la Industria Nacional de Autopartes (INA) apuntan
a que una segunda etapa podría elevar esa participación hasta alrededor de 40%,
impulsada por la búsqueda de cadenas de suministro más cercanas al mercado
estadounidense. Sin embargo, el ritmo de esta expansión dependerá en gran
medida de que el T-MEC mantenga condiciones competitivas frente a otros acuerdos
comerciales firmados por Estados Unidos.
El proceso de renegociación del tratado introduce retos específicos para la industria automotriz, particularmente en materia de reglas de origen, aranceles y contenido regional. El endurecimiento de estos requisitos podría elevar los costos de producción y limitar la flexibilidad operativa de las armadoras y proveedores instalados en México.
De acuerdo con especialistas, como Mieres Zimmermann, uno de los principales riesgos es que una mayor carga regulatoria reste atractivo al país frente a competidores asiáticos y europeos con esquemas arancelarios más favorables.
A ello se suma la incertidumbre que prevalecerá durante
2026, año clave para la definición de la postura inicial de Estados Unidos y el
desarrollo de la revisión formal del acuerdo. Aunque no se han registrado
cancelaciones de inversión, diversos proyectos permanecen en pausa a la espera
de mayor claridad. Este periodo de cautela obliga a la industria a reforzar su
planeación estratégica y a mantener un diálogo constante con las autoridades
para anticipar posibles cambios en el marco comercial.
Otro desafío estructural para el sector es el fortalecimiento de capacidades nacionales, especialmente en la producción de moldes, troqueles y componentes de alto valor tecnológico. Incrementar estas capacidades permitiría elevar el contenido regional exigido por el T-MEC y reducir la dependencia de insumos importados.
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